El nepotismo no es cosa del pasado. Hoy sigue presente, aunque muchas veces disfrazado de “confianza” o “experiencia”.
Familiares y amigos cercanos ocupan puestos clave, no por mérito, sino por relaciones. Esto limita oportunidades para personas calificadas y debilita la eficiencia del sistema.
Además, crea círculos cerrados donde las decisiones se toman sin transparencia ni supervisión real. La lealtad personal reemplaza la responsabilidad pública.
Combatir el nepotismo implica exigir procesos claros, concursos abiertos y criterios basados en capacidad, no en conexiones.




